Para ser feliz, conté tus risas; para estar triste, lloré tus lágrimas; para sentirme querida, busqué tus brazos otra vez; para pensar un poquito menos, pensé solo en mi misma.
Para corregir mis errores, preferí borrarlos de mi mente y pensar que todo va a estar bien; para no necesitarte, me independicé a mi manera.
Para ocultar mi miedo a perderte, dejé que te fueras sin hacer nada para evitarlo.
Para ayudarme a estar feliz, respeté mis decisiones, y acepté que yo misma lo decidí.
