'Él cada vez se desentendía más de ella y ella cada vez se entendía menos a si misma. El no la quería, y ella estaba atravesando ese momento de desesperación aguda del final, cuando una pierde la poca dignidad que le queda, y llora, y dice frases patéticas que jamás sospechó que pudiera escuchar de sus propios labios. Y, así como al herido todos los golpes le van a parar a la reciente brecha, al enfermo de desamor toda la realidad le aumenta la angustia de a pérdida. De modo que el corazón se le detiene cuando ve un coche semejante al de él; o cuando oye, a través de la televisión de cualquier bar, la canción que escucharon juntos una tarde; o cuando huele, en un peatón casual que se cruza, la estela inconfundible de la misma colonia que usaba él.'
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